1. Historia de Cómpeta: Origen y Consolidación

 

Es cierto que, al contrario de lo que sucede en otros casos, Cómpeta está enclavada en una zona poco defendible de posibles agresiones, pero no es menos cierto que el viajero no descubre su existencia hasta que se ha metido prácticamente en el pueblo, por lo que su enclave es idóneo para pasar desapercibido desde la costa. 

Su vista desde el cortijo D. Lucas es, para el cansado viajero que asciende por el monte, un refrigerio y una invitación a abandonarse en estos lares de embrujo. Desde esta hipótesis Cómpeta, hasta la venida de los musulmanes en el S. VIII, sería un lugar dedicado a transacciones comerciales entre los pobladores del interior y la costa, aprovechando el encuentro para la celebración de las fiestas “compitalias”. Lo más lógico es que los pobladores poco a poco fueran ganando tierras para dedicarlas a la agricultura. 

Posteriormente, con la llegada de los musulmanes se introduciría la cría de gusanos de seda.

 

La bondad de la tierra unida a la del clima y al buen hacer de los agricultores hicieron poco a poco de Cómpeta un lugar cada vez más próspero tal y como lo describe Mármol Carvajal en su obra “Rebelión y castigo de los moriscos de Granada” que, al referirse a los lugares de la Sierra de Bentomiz, comenta: “Hay por toda la sierra grandísima cantidad de viñas y de la uva hacen los moradores pasa de sol y de lejía que venden a los mercaderes septentrionales que vienen a la Torre de la Mar de Vélez cada año a cargar sus navíos, y llevan a Bretaña, Inglaterra y Flandes, y de allí lo pasan a Alemania y a Noruega y otras partes. Demás desto, la cosecha de trigo y de la almendra les vale mucho dinero, y cogen tanto pan (trigo) que les basta para su sustento. La cría de seda es en cantidad y tan fina, que iguala con la mejor que entra en la alquicería de Granada”. 

Pero el primer documento conocido donde se menciona a la localidad, data del 29 de abril de 1.487, fecha de la rendición de las villas y lugares de la Sierra de Bentomiz a los Reyes Católicos en Velez-Málaga. 

En estas fechas Cómpeta era una villa consolidada, pues contaba con una población cercana a los seiscientos habitantes.

2. Epoca Morisca

Sobre el origen de Cómpeta no existen documentos escritos. Una hipótesis basada en la etimología de su nombre, data su origen romano. La palabra latina COMPITA-ORUM evolucionó en castellano a COMPETA. Su significado es encrucijada, cruce de caminos, el lugar donde los romanos celebraban las “Fiestas Compitalias” en honor de los lares de los caminos. Al pie de la sierra un camino une La Alpujarra con La Axarquía, y otro une la costa con Granada, camino que hasta hace unos años venían usando los arrieros; el cruce de ambos caminos se produce en Cómpeta; si bien es cierto que las principales vías de comunicación con Granada son las de Motril y Velez-Málaga.


Tras la rendición, las autoridades castellanas nombraron alcalde de Cómpeta a Luis de Mena, y como beneficiado a Cristóbal de Frías, a cargo de los asuntos religiosos. Caída Granada en 1.492, se suceden los decretos y reales cédulas prohibiendo a los vencidos el uso de la lengua, vestimenta, baños, etc... Obligados a convertirse al cristianismo o salir de la península.


A partir de 1.502 podemos hablar de Moriscos. Como encargado de los nuevos conversos continuó el beneficiado Cristóbal de Frías creándose, en el año 1.505, a instancias de la reina Isabel la Católica, la Parroquia de Cómpeta. No obstante las negociaciones con los cristianos consiguen dejar en suspenso las prohibiciones, pero en 1567, Felipe II publica un edicto aún más severo que los anteriores, cuyo cumplimiento esta vez no pudieron eludir. Esto, unido al declive sufrido por la industria de la seda, pilar económico de los lugareños y a las esperanzas de ayuda del exterior, dieron lugar a la rebelión de los moriscos en 1.568.


Según nos cuenta Mármol Carvajal en su libro antes citado, en Cómpeta y demás poblaciones de Bentomiz, reinaba la paz y la tranquilidad, no obstante las noticias de la rebelión que llegaban. Pero en Abril de 1.569, llegó un morisco de las Guájaras, llamado Almueden camino de Canillas de Aceituno a rescatar a su mujer, esclava de un cristiano viejo. Los moriscos acudieron a interesarse por los sucesos de la Alpujarra; informados por éste del éxito del levantamiento y de la ayuda que esperaban del exterior, se levantaron en rebelión animados por el morisco competeño Martín Alwacil, a los que muy pronto se le unieron los moriscos de toda la sierra de Bentomiz.


Aparentemente, Martín Alwacil manifestaba ser leal a la corona y excelente converso, por lo que gozaba de buena reputación ante las autoridades de Vélez. Por ello el corregidor Arévalo de Zuazo le mandó llamar para pedirle mantuviera en calma a los pueblos de Bentomiz. Pero aquél, pensando que era para prenderle y luego matarle, se negó a ir. Reunió en la plaza de Cómpeta a los sublevados de la sierra de Bentomiz y les animó a la lucha con una emocionante arenga en torno a la libertad y al amor a la tierra. Animados por ella, nombraron soberano de Bentomiz, a Martín Alwacil y caudillos a Hernando el Darra y otros.


Había en Cómpeta, por esas fechas, 143 vecinos moriscos (unos 572 habitantes) y 3 cristianos viejos (2 beneficiados y 1 sacristán). Éstos últimos se habían refugiado en la torre de la iglesia al ver entrar en el pueblo a gente forastera armada. Martín Alwacil hizo desfilar a la gente ante la torre varias veces seguidas cada uno, pero con ropas y armas diferentes cada vez, a fin de hacer creer a los refugiados que el número de los sublevados era muy superior al real. Luego envió al beneficiado Cristobal de Frías a Vélez con la intención de disculparse ante las autoridades, culpando de la revuelta a un tal Gironcillo y a gente forastera. Mientras el beneficiado se dirigía a Vélez, Martín Alwacil y los suyos (hombres, mujeres y niños), se hicieron fuertes en el Peñón de Frigiliana, provistos de sus bienes, víveres y armas.


Arévalo de Zuazo intentó tomar el Peñón con un pequeño ejercito el 28 de mayo, pero tuvo que desistir ante la resistencia de los moriscos. Un segundo ataque integrado por las fuerzas de Vélez y alrededores, y los hombres de 25 galeras que volvían de Italia al mando del Comendador Mayor de Castilla, lograron vencer a los moriscos tras una feroz resistencia. El Peñón cayó en manos castellanas, así como numerosos prisioneros moriscos y un preciado botín. El campo de batalla quedó sembrado de cadáveres en los oídos de los cuales aún resonaba la voz de Martín Alwacil: “... Es preferible morir luchando que morir en la horca, por ello, si morimos defendiendo nuestra libertad la madre tierra recibirá lo que produjo, y al que le faltare sepultura que lo esconda no le faltará cielo que lo cubra. No quiera Dios que se diga que los hombres de Bentomiz no supieron morir por su patria...” Tras el descalabro sufrido, Martín Alwacil, Hernando el Darra y algunos más, consiguieron huir a la Alpujarra. Era el día 8 de Junio de 1.569.


La sierra de Bentomiz, prácticamente quedó vacía como consecuencia de la desbandada de los moriscos, habitada ahora por los cristianos viejos y, suponemos, por algún que otro morisco. A finales de Diciembre de 1.569, vuelven a Cómpeta Martín Alwacil y los huídos con él, y desde allí se repartieron por sus pueblos de origen quemando iglesias, matando a los cristianos viejos y saqueando sus bienes según habían visto en la Alpujarra, refugiándose luego en la sierra. En 1.570, se instaló en Cómpeta un presidio con una guarnición de 200 soldados al mando de Antonio de Luna a fin de controlar la llegada de moriscos y reducir a los que se habían refugiado en la sierra.


La suerte de los moriscos de Cómpeta, suponemos, fue paralela al del resto de los pueblos del Reino de Granada: expulsados del lugar y distribuidos por Extremadura y Galicia y, posteriormente, expulsados de la península en 1.609, y sus bienes repartidos entre los repobladores.

3. Repartimiento

Repartimiento

A partir de este año fueron llegando los repobladores, 58 en total, principalmente desde Puente Genil, Estepa, La Roda, Sevilla y Baena, entre los que se repartieron las 64 suertes que se hicieron con los bienes confiscados a los moriscos. 

Cada suerte constaba de: 
- 1 casa 
- 2 onzas de hojas de moral para criar gusanos de seda 
- 2 aranzadas de viña buena (1 aranzada= 4.290 m2 aprox.) 
- 4 aranzadas de viña razonable 
- 3 aranzadas de viña mala 
- ½ aranzada de viña junto a la villa 
- 4 celemines y 8 estadales de tierra de riego (2.254 m2 aprox.) 
- 44 almendros 
- 30 olivos y 3 olivos cortados 
- 6 fanegas de tierra de secano ( 1 fanega=6.460 m2 aprox.) 
- 4 aranzadas de erial. 
Además de estos bienes descritos, existían en Cómpeta en 1.570, 3 hornos para cocer pan, 3 molinos de aceite, 25 colmenares, 3 almadrabas para fabricación de tejas y ladrillos y 1 lagar; y suponemos que existirían tiendas, carnicerías, panaderías, etc.

Los 58 repobladores se vieron beneficiados por el reparto de suertes, aunque bien es cierto que no lo fueron por igual, pues mientras 34 vecinos recibieron 1 suerte, 1 recibió 5, 1 recibió 3, 4 recibieron 2, 4 recibieron 1 y media, y 12 recibieron ½ suerte cada uno. El criterio seguido para el reparto fue a más posibilidades de cultivar la tierra, más porción recibía. 

Entre 1.575 y 1.593 se ausentaron 13 repobladores, entre 1.575 y 1.621 llegaron 40 nuevos. Cada repoblador debía pagar 1 real al año por cada casa, el diezmo de los frutos que recolectase, excepto los morales y olivos que pagaban la quinta parte los 10 primeros años y a partir de ahí la tercera parte, y estaba obligado a permanecer durante 25 años en su suerte, a cultivarla y mantenerla en perfecto estado. Esto, unido a los impuestos que habían de pagar propició que en 1.750 casi todas las tierras de Cómpeta no perteneciesen a sus propietarios originales. En este año hubo un nuevo reparto de tierras entre 180 vecinos a los que se entregó una escritura de la tierra donde constaba el impuesto a pagar a la Hacienda Pública eliminando todos los demás gravámenes. 

En 1.751, de las menos de 1.000 hectáreas de tierra cultivable, el 38% se dedicaba al cultivo de cereales en secano, el 19% a viña para vino, el 39,4% a viña para pasas y el 3,3% a huerta y regadío.

4. Siglo XIX

Los excedentes de producción agrícola empujaron al resurgimiento del comercio, principalmente exportación de la pasa, lo que originó poco a poco el monocultivo de la vid (76,4% de la tierra en 1.857 y el 96% en 1.881) y el aumento de las tierras cultivables (1.700 hectáreas en 1.870).


El auge agrícola propició el paulatino aumento de la población, como se ve en el cuadro de la línea de la historia. En estas fechas (1.870) Cómpeta disfrutaba de un bienestar y auge económico y social que pronto iniciaría su declive.

En 1.877 cayó la exportación de la pasa por la competencia que realizaba la pasa de California.

En 1.884 un terremoto destruyó parte del pueblo (numerosas casas y la torre de la Iglesia).

En 1.885 una epidemia de cólera diezmó la población (murieron alrededor de 350 personas en el verano de ese año). 

En 1.887 la filoxera acabó con la mayoría de las cepas. 

En diez años, Cómpeta se hundió en una crisis económica de la que hoy, un siglo después, comienza a salir apoyada en el turismo y en el sector servicios.

5. Siglo XX

Después de todos los hechos acaecidos durante el final del siglo XIX, Cómpeta empieza a resurgir de sus cenizas. Nos encontramos con un municipio que se adentra en un nuevo siglo que será cuantioso en acontecimientos. Hechos tan importantes como la electrificación del pueblo y la reposición de nuevos viñedos, olivos y almendros, ocupan los primeros años. 

La Segunda República apenas tendrá trascendencia en nuestro municipio, pues su tan esperada Reforma Agraria no se llevó a la práctica. De igual manera, apenas tuvo repercusión la Guerra Civil española, salvo algunos hechos que no fueron protagonizados por los competeños, como la quema de imágenes sagradas y saqueo de los archivos de la Iglesia y del Ayuntamiento.

Después de la Guerra Civil se sucederán varios episodios protagonizados por los llamados “Maquis” (”la gente de la sierra”), que serán fuertes en la sierra esperando la vuelta a la normalidad constitucional, normalidad que tardará unos años en llegar. 

Hacia la mitad del siglo XX, empieza un resurgimiento de la economía basada, sobre todo, en el desarrollo agrario que experimenta un nuevo auge, tampoco hay que olvidar el contexto nacional, pues España se encuentra en una época de “apertura” que va a beneficiar al conjunto de su economía. Con ello el municipio empieza a tener una nueva época caracterizada por el esplendor de los viñedos.
Terminada la época de los 60 y a mitad de los 70, comienza a desarrollarse en el municipio una nueva industria: el turismo. Con el desarrollo de ésta, el pueblo da un giro económico, sectores como la construcción y la hostelería se desarrollan al tiempo que la afluencia de extranjeros se consolida. 

El despegue económico que se experimenta en la época de los 80, hace que la construcción se consolide como uno de los sectores pioneros que contribuirá al desarrollo del municipio junto con el turismo. 

A finales de los 90 se nos presenta un panorama bastante positivo pues, si a principios de siglos, el campesino luchaba contra la inclemencia de la naturaleza para cultivar la vid, ahora el campesino forma parte de un entramado mundo que gira en torno al desarrollo que viene de la mano de otros sectores económicos. Las actividades que surgen anexas a éstas son bastantes. Florecen las inmobiliarias al tiempo que el sector servicios se fortalece debido a la onda expansiva del desarrollo en la construcción. 

Cómpeta se adentra en el siglo XXI y en el nuevo milenio con unas perspectivas bastante esperanzadoras de futuro. Su desarrollo turístico hace que se nos presente un panorama distinto pero prometedor. El sector servicios ha experimentado un desarrollo que era impensable hace pocos años, la economía tradicional se adapta y pervive con esta nueva forma. El modelo rural está rozando casi lo urbano debido a la “modernización” de nuestros servicios. 

El desarrollo, esperemos que sostenible, hace que el desempleo mengüe al tiempo que nos adentramos en los prolegómenos de una nueva era.

 

 

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